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DISCULPA EL DESORDEN

“Disculpa el desorden.”

Esa frase que dices casi sin pensar cuando alguien entra en tu casa. Aunque todo

no esté tan mal, solo por protegerte de las críticas de los que entran a tu mundo.

Esta exposición parte de ahí. De esa costumbre de pedir perdón por no tenerlo todo perfecto. Por no llegar a todo. Por no tener la casa de revista.

Y sí, por qué no decirlo, también habla un poco de esa culpa que muchas veces hemos heredado, sobre todo las mujeres, a las que se nos ha enseñado que el orden es casi una responsabilidad moral.

Pues bien, aquí reivindicamos que el desorden (mental y físico) también es parte de la vida y de ahí pueden surgir cosas maravillosas. Cada obra en esta sala es como asomarse a una habitación distinta donde hay caos, hay humor, momentos absurdos y otros muy reales. Como en cualquier casa donde se vive sin prejuicios.

 

Todo parte de un cuadro al que llamé La casa de los locos perdidos, (también presente en esta muestra) y que habla de: irte de casa, crecer, volver años después… y darte cuenta de que tú ya no encajas igual. Que el salón y la cocina siguen en el mismo sitio, pero tú no. Que el orden que antes entendías ahora te parece extraño. Y que, al final cada uno tiene que construir su propia casa, aunque sea interiormente.

“Disculpa el desorden” no es una disculpa de verdad. Es más bien una invitación a vivir sin tapujos y abrazar nuestro caos interior.

Así que pasa, mira, disfruta. Que si algo está un fuera de sitio… es porque aún está buscando su lugar.

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